El lazo fraternal-3ª parte

EL LAZO FRATERNAL-3

LOS ROLES DE LOS HIJOS


Con frecuencia cada uno de los niños va a ser calificado y clasificado en roles y contra roles opuestos: bueno vs malo, cariñoso vs desapegado, tranquilo vs nervioso y así en un largo etc de características y etiquetas. Dicha calificación, que puede ser verbal o no, va creando una imagen en los padres que actúa como espejo para el hijo. Es decir el hijo se ve como los padres le ven y así va formando su autoimagen. Su manera de comportarse tenderá a confirmar esa idea e imagen. En cierto momento de su desarrollo algunos niños son capaces de expresar con palabras este fenómeno, por ejemplo “pego porque soy malo”.
De este modo los hermanos representan sus papeles y buscan el poder de atracción con sus padres.
Esta competición puede transformarse en enfrentamientos agresivos entre ellos, lo cual puede provocar mucha ansiedad en los padres y pondrá a prueba sus capacidades para solventar la situación. De cómo se manejen en estas situaciones y del tipo de relación fraternal que fomenten dependerá en gran parte el futuro de la relación entre sus hijos.
En la relación triangular con los padres cada niño juega sus cartas con el fin de ganar la partida y obtener la ventaja que desean. Expongo un caso que resultará familiar, dos niñas en el salón viendo la tele mientras los padres están en la cocina:
– ¡mamá, me ha pegado!
-No, ha sido ella…
Un descubrimiento sorprendente para algunos padres es comprobar que sus hijos son capaces de apañárselas mejor solos en sus disputas que cuando ellos intervienen. Lo que está en juego es ganar a uno o dos de los padres y ponerlo a su favor y en contra del otro. Pero cuando no se da la posibilidad de que esto suceda los niños tienden a reorganizase solos y a solucionar el conflicto.
Algunos padres temen tanto el conflicto que siempre intervienen y por lo tanto lo refuerzan.
Puede que tiendan a tomar partido por uno de los contendientes, en cuyo caso este provocará situaciones conflictivas a la menor ocasión. Suele ser el caso de padres que identifican a uno de sus hijos como el bueno, mientras este niño de forma soterrada manipulará las condiciones para fastidiar al otro hermano sin ser descubierto.
En estos casos el resentimiento del “malo” hacia sus padres y hermano irá aumentando y como consecuencia sus acciones resultarán reprobables con lo que cada vez se sentirá peor y actuará peor creando un círculo vicioso de difícil salida. La relación entre ambos hermanos se dañará gravemente si nadie lo remedia. En un futuro como adultos podría seguir el resentimiento o el distanciamiento “siempre fue el preferido” “solo le querían a él” “ a mí no me hacían caso”

ALGUNAS IDEAS PARA FOMENTAR RELACIONES FRATERNALES SALUDABLES

Creando un buen lazo fraternal

Desde pequeños involucrar a todos en los juegos: os padres pueden incluir a todos los hermanos en juegos y actividades de modo que todos puedan participar y colaborar. Si identifico a mi hermano como alguien con quien puedo jugar, un compañero de diversión, mi manera de verle será positiva e incluso cuando haya conflictos desearé restablecer la relación porque el juego es vital para el niño y por encima de todo deseará jugar. Los niños que son compañeros de juego establecen una relación de apoyo y confianza puesto que a través del juego se fomenta la comunicación, el apoyo y la confianza. Estos aspectos hacen que la relación entre ellos se fortalezca.
Dejar que solucionen sus conflictos: como decía antes, en muchos casos los conflictos son creados por los niños con finalidad ventajista. Si descubren que no pueden recurrir a esta estrategia de manipulación dejarán de usarla. En todo caso los conflictos son inherentes a su relación y a cualquier otra relación entre personas. Los hermanos tienden a reorganizar su relación, se co-regulan, si se deja el tiempo y el espacio para ello. Si además somos modelos como padres en cuanto a la negociación y acuerdos facilitaremos que adopten estas actitudes de manera creativa para solucionar sus problemas.
Evitar las etiquetas y comparaciones: cada niño es diferente y único, si hacemos de esa diferencia una comparación entre buenos y malos, listos y tontos estaremos fomentando una relación fraternal de celos y envidias. Evita los “eres” con tus hijos y las comparaciones del tipo “tu hermana es mejor estudiante que tú” “podrías aprender de tu hermano”. Valora lo que te guste y apóyales en sus dificultades sin etiquetarlos.

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